sábado, 18 de octubre de 2014

Les Géminis




Cuando entran en escena, empezamos a ver doble. Cuanto más nos hablan, más nos confunden. Entonces tratamos de encontrar un hilo conductor en sus palabras, pero nos perdemos entre ramificaciones arabescas. Sin embargo, la idea de que son conversadores y charlatanes es muy superficial: Géminis habla para ocultarse. Domina el arte de camuflar silencios con palabras.


Les geminianes no son personas de primeras impresiones. Para conocerles es necesario entrar en una suerte de laberinto de personalidades del que no sabemos si saldremos. Ni siquiera si tiene salida. Mientras tanto, elles danzan en la ambigüedad, en la ondulación de la duda, en la asepsia del que no se define. Y tienen ese don tan difícil, distinto: el don de esquivar, de dejar pasar, de laissez faire. De parecerse a los espejismos y las apariciones.

Los hemisferios del cerebro. Los pulmones. Los brazos. Las manos. Les hermanes. La casualidad. El comercio. Los caminos. Los discursos. Todas cuestiones asociadas al planeta que los gobierna, Mercurio. Antiguamente era considerado el dios de los comerciantes y los ladrones: les Géminis te venden cosas, ideas, proyectos, sueños, lo que sea. Su planeta, además, nunca se aleja demasiado del Sol, característica que también poseen elles: rondan siempre cerca del poder, de la centralidad. La cualidad mutable y el elemento aire dan extraordinarias dotes de elocuencia y oxigenación mental. De ahí que les geminianes aportan siempre una nota inteligente en todo lo que hacen, desde las cosas más simples a las más complejas.

Jean-Pierre Léaud, Sol en Géminis.

Desde el punto de vista de la astrología esotérica, a Géminis lo rige Venus. Alice Bailey plantea que, dada su dualidad y su principio de polaridad, Géminis tiene la función venusina de unir el eje de los signos opuestos, fusionarlos, de ahí su importancia en el zodiaco. Con les Géminis ocurre lo mismo: tienen la capacidad de ver las dos caras de la moneda, el yin y el yang, lo blanco que no excluye lo negro, y viceversa. De ahí la famosa indecisión geminiana, que no es otra cosa que superación, síntesis, comprensión, trascendencia. En definitiva, es armonía, pacificación, inclusión. Si prestamos atención a estas características, vemos con claridad su afinidad con Mercurio, pero también con Venus. Lo que explica la belleza y apariencia juvenil de elles. Para les mortales el tiempo pasa y deja sus huellas inevitables, menos para elles. No en vano el día que se publicó esa gran novela sobre un eterno joven, Dorian Gray, el Sol estaba en Géminis.


Marilyn Monroe, Sol en Géminis

Géminis tiene siempre dos trabajos, dos horarios, dos tardes, dos noches, dos todo. Y si conoces a algunx que no los tenga, entonces fijate bien, puede que no les conozcas. Suele pasar que ves a Géminis dos o más veces en el día y no recuerda haberte visto. Es que te cruzaste con unx de sus varies dobles. Muchos creen que por esto hay falsedad en elles. No es cierto. Para decirlo con los versos del poeta, también mercurial, Walt Whitman: 

¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?
(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)


W. B. Yeats, Sol en Géminis
Hay una variedad incansable en Géminis, que les vuelve como el escurridizo metal Mercurio, inaprensibles. Su curiosidad y capacidad de aprendizaje no tiene igual en el zodiaco. No sólo siempre van detrás de la manzana prohibida del conocimiento, elles son esa manzana. Un caso paradigmático, entre tantos, de esta múltiple avidez es el poeta, dramaturgo, premio Nobel, político, empresario, astrólogo y ocultista (sí, todas esas cosas a la vez) William B. Yeats.

Por su carácter mercurial y su destreza en el manejo del lenguaje, este es un signo de escritores: Dante, Thomas Mann, Marguerite Yourcenar, Céline, Chesterton, Ana Frank, Arthur Conan Doyle, Pessoa, García Lorca, Alice Bailey, Allen Ginsberg, Walt Whitman, Joyce Carol Oates, entre otros. Su influencia más venusina, creadora y estética brilla en la música: Wagner, Schumann, Richard Strauss, Stravinsky, Paul McCartney, Bob Dylan. Y por su naturaleza lúdica, también abundan en el mundo del espectáculo: Hugh Laurie, Johnny Depp, Marilyn Monroe, Angelina Jolie, Nicole Kidman, Clint Eastwood, Jean-Pierre Léaud.




viernes, 10 de octubre de 2014

Tauro


Mi vida no es teorías y fórmulas. Es instinto y sentido común.

Audrey Hepburn




Cada vez que te cruzas con alguien de Tauro, el mundo se desacelera pero para bien. Manejan sus tiempos, o mejor dicho no los manejan, los suprimen. A este signo venusino no le gusta que lo apuren. Pero no se trata de cualquier lentitud, sino de una lentitud estética, sensual, terrena. Es que a los Tauro no les interesa tanto ser los primeros (como sucede con Aries), más bien prefieren la exclusividad, la posesión, la seguridad. De hecho su signo tiene analogía con la casa 2 astrológica, es decir la casa que rige los bienes personales, la propiedad privada, las ganancias, el dinero. No en vano en Wall Street, centro financiero mundial, eligieron al toro como su animal representativo.


Mucho de Tauro se debe a su planeta regente, Venus, y sobre todo al elemento tierra en modalidad fija. Venus es el planeta del amor, la belleza, el confort, la comodidad, los lujos, el dinero. La tierra refuerza el costado más carnal, materialista y empírico, por eso los taurinos son sibaritas sofisticados, bon vivants y saben mejor que nadie cómo se disfrutan los placeres. La modalidad fija además, les aporta una energía acumulativa, que tiende a solidificarlo todo a su alrededor: cosas, personas, momentos. Para Tauro poseer es fundamental, una necesidad que muchas veces les juega en contra, tornándolos egoístas y tacaños. Por ese afán de estabilidad e imperturbabilidad construyen con tenaz laboriosidad rutinas diarias en sus vidas. Eso sí, rutinas sensuales, pacíficas y casi siempre opulentas.



Pocos signos respetan tanto a la belleza como Tauro, por eso entre los taurinos encontramos desde los más célebres artistas (Da Vinci, Brahms, Tchaikovsky, Dalí, Joan Miró) a aquellas personas que se dedican a la industria del placer y el disfrute, tales como chefs y sommeliers, actores, diseñadores y modelos (Audrey Hepburn, Penelope Cruz, Christian Lacroix, Laetitia Casta). Como este signo rige el cuello, la garganta y la voz, muchos de sus nativos son reconocidos cantantes: es el caso de Laura Pausini, Barbara Streisand, Ella Fitzgerald, Adele, Joe Cocker, Billy Joel, Iggy Pop, entre otros.

Hay algo nutricio en las personas con Sol, ascendente o Luna en Tauro (que se encuentra exaltada en este signo) por su afinidad con las cualidades lunares. Hay una abundancia taurina (en oposición a la carencia escorpiana) que los vuelve instintivamente maternales, dadores de confort, alimento, protección y seguridad a sus seres queridos. Sabemos el valor simbólico que tienen las analogías en astrología, por lo tanto recordemos que todo lo lácteo está asociado a la Luna y son especialmente las vacas sus proveedoras.

Laura Pausini, taurina.

La famosa terquedad de Tauro se debe por un lado a la fijeza de la tierra y por otro a la acepción de la palabra valor no en términos económicos, sino de convicciones que representa la segunda casa, correspondiente a su signo. En un sentido más amplio, en el ciclo zodiacal Tauro antecede a Géminis, signo que encarnará la dualidad, la polaridad mercurial, la duda como vía de conocimiento, la ambivalencia y la fusión de los opuestos. Sin embargo, filósofos de solidez y consistencia intelectual como Kierkegaard, Kant, Russell y Wittgenstein nacieron bajo el Sol de Tauro. Justamente la proximidad entre estos dos signos hace que muchos taurinos tengan planetas en Géminis, lo que da una combinación de realismo y concepto, persistencia y dinamismo (por ejemplo Kant, con el regente de su Sol, Venus, en Géminis y buena parte de su casa 1 en el signo de los gemelos).

Algo conservadores y dogmáticos, los taurinos suelen ser pacíficos, amables y considerados, pero sobre todo destacan por su nobleza y lealtad. Con Tauro aprendemos el valor de las cosas duraderas y estables. Junto a ellos tenemos la impresión de que el universo sería un lugar mejor si celebráramos más las cosas simples, buenas y placenteras de la vida: un aroma, un color, una nota musical, un sabor particular.