domingo, 27 de diciembre de 2015

¿Somos compatibles?





Qué pregunta. Por DM, por Inbox. Por teléfono, por mail, hasta por comentario de Instagram. Llueva, truene, haya sol o nieve. Es la pregunta que siempre me hacen llegar. Todos queremos ser compatibles. Y todos queremos que esa persona que nos importa también lo sea. Con nosotros, claro.

Hay varias herramientas que la astrología tiene para abordar esa pregunta. Pero claro, son sólo eso: herramientas. Es cierto que una sinastría, la superposición de dos cartas, puede indicar a través de sus aspectos la naturaleza de una relación. Casi con seguridad podemos afirmar que cuando (casi todos) los planetas de ambos se aspectan mutuamente, la relación será significativa. Para bien o para mal. También que una carta compuesta aportará mucha luz sobre nosotros contemplados como una unidad: de qué manera nos llevamos juntos, qué objetivos, qué dificultades, qué nivel de desarrollo.



¿Pero qué quiere decir ser compatibles? O mejor dicho, ¿hasta donde puede la astrología adentrarse en ese pantano cenagoso que es la compatibilidad entre dos personas? Más teniendo en cuenta los diversos factores externos que influyen, propician o vician todo: clases sociales, países, dinero, culturas, etc.

Hay planetas que representan simbólicamente actores, decorados, experiencias, energías o modos de sentir y hacer que cada uno de nosotros incorpora en la carta natal al nacer. Por ejemplo, se considera que Venus es nuestra manera de amar y flirtear, que Marte es nuestro deseo más carnal y físico. Sin embargo, es difícil evaluar las compatibilidades únicamente a través de esta simbología planetaria, ya que recaeríamos en simplificaciones. Que Venus esté en Géminis en mi carta natal no necesariamente significa que mi pareja deba ser geminiana, sino que el plano intelectual y la comunicación (entre otras cosas de índole mercurial) serán importantes en mis relaciones. Marte en Escorpio no inclinaría estrictamente a tener amantes de ese signo (como se consideraba antes, especialmente en las mujeres) sino a desempeñarse en amor de manera escorpiana. Buscará en el otro cualidades relacionadas con la estructura, la estabilidad, la solvencia (cualidades del elemento tierra) que los escorpiones necesitan (son agua marcial y plutoniana).

Los aspectos planetarios importan pero también su naturaleza y cuáles serían los más favorables o los menos apropiados. Lo cual no es fácil de diagnosticar. Por ejemplo, lo que es necesario para el intenso Escorpio no lo es tanto para el práctico Virgo. Y así con cada uno de los signos. O mejor dicho, con cada combinación de signos. Las oposiciones suelen ser especialmente prolíficas, dado su carácter venusino / saturnino. Es decir, su naturaleza libriana, relacionada con la casa 7. Digo esto porque Libra es el domicilio de Venus (amor, placer, pareja) y la exaltación de Saturno (enemigos, límites, leyes). En este aspecto, además, vemos el concepto de los polos opuestos que se atraen y se complementan. La casa 7 es el principio de todo encuentro porque es la opuesta al ego, representado por la casa 1 (regencia de Marte). Esto nos lleva a inferir que naturalmente buscamos entrar en contacto con energías contrarias a las nuestras, nos seduce lo distinto. Por lo tanto, el eje ascendente (casa 1) / descendente (casa 7) es el que casi siempre predomina en términos de compatibilidad. Lo que hay que trabajar aquí es justamente esa necesidad de unión en la diferencia. Tarea para Venus, llamado el pegamento del universo por los antiguos astrólogos.


No les resto importancia a los demás aspectos, de los cuales la conjunción tiene un exceso de buena fama para mi gusto. Cuando dos astros se encuentran dispuestos de esta manera, tenemos cosas en común. Pero de la semejanza al amor queda, todavía, una distancia importante. Por ejemplo, dos Lunas en Leo claramente competirán por obtener el brillo y el reconocimiento: el orgullo mutuo será más bién un obstáculo que una afinidad. Podemos decir algo parecido de dos Lunas en Escorpio. El sextil y los trígonos son de naturaleza armónica, un tanto cómoda. Al trígono se lo asocia a Júpiter y como vincula signos de un mismo elemento inclina a la abundancia y a la plenitud, aunque también al exceso. Por ejemplo, el encuentro de planetas en Géminis y Acuario favorecerá el intercambio intelectual pero limitará el concreto y real. El sextil simboliza el aspecto entre dos elementos distintos pero armónicos entre sí (fuego/aire, agua/tierra) por lo que tiene un componente de oposición / complemento (Venus / Saturno / Casa 7). Por ejemplo, planetas en Virgo, conocidos por su reserva, meticulosidad y orden, tendrán afinidad con aquellos que estén en el sensible, doméstico y prudente Cáncer. Prevalecerá en este aspecto las particularidades que tienen en común la tierra y el agua: receptividad, feminidad, polaridad negativa. El aspecto de cuadratura pone en contacto elementos distintos e inarmónicos entre sí, pero signos que pueden ser más o menos afines, dependiendo de cada caso. Representa la energía marcial, por lo que fluye un caudal energético en materia de pasión, iniciativa y coraje. Un aspecto así probablemente vuelva a las personas proclives a recibir (y a dar) flechazos a primera vista. El desafío será ganar en previsibilidad y constancia.

No hay una fórmula mágica, secreta, ganadora. Podríamos seguir hablando de los romances de novela cuando el encuentro se da en la casa 5, o de los romances ocultos cuando se da en la casa 12. Y así hasta no terminar nunca. Es conocerse. Y conocerse es empezar a conocer, también, lo que queremos del otro. Y lo que no es menor: conocer qué es lo que el otro quiere de nosotros.


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