Júpiter, el benéfico mayor





Desde tiempos milenarios se asocia a este planeta con casi todo lo bueno de la vida: riqueza, esperanza, suerte, bondad, alegría, fe. Claro que el carácter moral de la astrología clásica contribuyó bastante: se considera a Júpiter el benéfico mayor justamente porque es el planeta que (como vimos en la Casa 9) corresponde a Dios, de hecho Júpiter es la versión romana de Zeus. En contraposición a Venus, llamado el benéfico menor por su naturaleza más terrenal y mundana, Júpiter prefiere todo a lo grande. Si Venus rige los romances, el dinero y los placeres, a Júpiter le tocan esas cosas potenciadas, elevadas: los viajes largos, las grandes pasiones, las esperanzas, la riqueza, la buena suerte o ayuda de Dios. Tiene afinidad con Sagitario, Piscis (sus domicilios) y Cáncer (su exaltación). Tres signos que asociamos a las emociones, la espiritualidad y la inspiración. En Sagitario muestra su lado más filosófico, religioso y conceptual. En Piscis, la compasión, el misticismo y el altruismo. En Cáncer, el instinto, la tradición, el pueblo, la familia. Son tres signos que simbolizan distintas clases de riqueza, pero riquezas al fin y al cabo, adjudicadas a Júpiter: Sagitario es la abundancia y la suerte, Piscis la exaltación de Venus (dinero, bienes) y Cáncer las herencias, la fama y el reconocimiento (lo vemos en el caso de Emma Watson). Por lo tanto, una persona con predominio de estos signos en su carta natal tendrá una gran influencia de Júpiter en su vida.


Claro que hay riquezas y riquezas. Un Júpiter ubicado en Casa 2 suele ser favorable para la acumulación de índole material, como sucede con las cartas natales de conocidos millonarios. Por ejemplo, Aristóteles Onassis lo tenía en Tauro y Donald Trump en Libra, dos signos relacionados con el dinero por su regente, Venus. Sin embargo, un Júpiter en Casa 12 orientará a buscar nuestra riqueza en la vida interior, y muchas veces por caminos incluso opuestos a los que comúnmente consideraríamos como caminos de riqueza. Las privaciones, las reclusiones y las enfermedades que solemos atravesar en esta casa despiertan un conocimiento profundo de uno mismo y nos ponen en contacto con leyes superiores, que trascienden el ámbito material. Es el caso de astrólogos como Morin y Alan Leo, de guías como Martin Luther King.

Aristóteles Onassis, Júpiter en Tauro

Si Saturno es el planeta del pesimismo, las restricciones, los límites y la materia, Júpiter es el planeta del optimismo, el sentido de la vida y la expansión personal. Por lo tanto, un buen balance entre estos planetas es fundamental, de hecho sus símbolos se parecen: Saturno es la materia (la cruz elevada) sobre el espíritu (la curva descendente), Júpiter el espíritu (la curva ascendente) sobre la materia (la cruz inferior). Sin Júpiter sería muy difícil sobrellevar la pesada carga que nos impone Saturno: "La humanidad no puede soportar mucha realidad", escribió Eliot. Sin embargo, el sano pesimismo de un buen Saturno suele volvernos prudentes, mientras que el ciego optimismo de un mal Júpiter, peligrosamente imprudentes.

En este sentido, los malos aspectos de Júpiter pueden señalar, por un lado, una excesiva confianza y hacernos correr riesgos innecesarios. Por otro, obstáculos inesperados, que normalmente atribuimos a la mala suerte o mala estrella. Un Júpiter debilitado habla también de cierta carencia en el ámbito de la fe, y por lo tanto puede volvernos escépticos. Es el caso de Verdi, quien además de su Júpiter en exilio en Virgo tenía Marte (el maléfico menor) en Casa 9 (religión): Toscanini lo consideraba "un ateo" y su esposa lo describió como "un hombre de poca fe". Lo cual, dicho sea de paso, no le impidió componer una de las mejores obras religiosas de todos los tiempos, su famoso Requiem.

Giuseppe Verdi, Júpiter en Virgo.

Los tránsitos de Júpiter son de naturaleza benéfica, porque suelen traer momentos de felicidad y grandes oportunidades, especialmente si están implicadas las casas más favorables, como las elevadas (9, 10, 11) o las angulares (1, 4, 7, 10). En casas más difíciles es de gran ayuda para contrarrestar adversidades, muchas veces este planeta hace de ángel guardián. El Retorno de Júpiter se da cada 12 años y marca un período de expansión en el que casi siempre iniciamos actividades o rumbos cruciales para nuestra vida. Claro que depende del signo, la casa y los aspectos del Júpiter de la carta natal. Sin embargo, existe también una tendencia a exagerar sus alcances. Es importante tener expectativas de crecimiento reales y no dejarse llevar por fanatismos o ideas extremas. Muchas veces esperamos de Júpiter logros estrictamente materiales, pero debemos recordar que no es un planeta afín al elemento tierra, que rige los asuntos mundanos y concretos (laborales, profesionales). Por su afinidad con el agua y el fuego, su influencia impactará mayormente en nuestra vida espiritual y emocional. Es posible que durante este tiempo tengamos una nueva concepción del mundo, o entremos en contacto con disciplinas esotéricas, religiones, o guías espirituales. También que emprendamos actividades relacionadas con el extranjero (viajes, idiomas, estudios), ya que al salir de nuestra propia cultura ampliamos nuestra mirada y adquirimos valores universales.