Signo de Géminis


Los geminianos son los más bohemios,
son los más bellos, son los más sabios.
Los geminianos son fantasía,
colores nuevos, fugaz encanto.


Jairo



Cuando entran en escena, empezamos a ver doble. Cuanto más nos hablan, más nos confunden. Entonces tratamos de encontrar un hilo conductor en sus palabras, pero nos perdemos entre ramificaciones arabescas. Sin embargo, la idea de que son conversadores y charlatanes es muy superficial: Géminis habla para ocultarse. Domina el arte de camuflar silencios con palabras.


Los geminianos no son personas de primeras impresiones. Para conocerlos es necesario entrar en una suerte de laberinto de personalidades del que no sabemos si saldremos. Ni siquiera si tiene salida. Mientras tanto, ellos danzan en la ambigüedad, en la ondulación de la duda, en la asepsia del que no se define. Y tienen ese don tan difícil, distinto: el don de esquivar, de dejar pasar, de laissez faire francés. De parecerse a los espejismos y las apariciones.

Los hemisferios del cerebro. Los pulmones. Los brazos. Las manos. Los hermanos. La casualidad. El comercio. Los caminos. Los discursos. Todas cuestiones asociadas al planeta que los gobierna, Mercurio. Antiguamente era considerado el dios de los comerciantes y los ladrones: los geminianos te venden cosas, ideas, proyectos, sueños, lo que sea. Su planeta, además, nunca se aleja demasiado del Sol, característica que también poseen ellos: rondan siempre cerca del poder, de la centralidad. La cualidad mutable y el elemento aire dan extraordinarias dotes de elocuencia y oxigenación mental. De ahí que los geminianos aportan siempre una nota inteligente en todo lo que hacen, desde las cosas más simples a las más complejas.



Desde el punto de vista de la astrología esotérica, a Géminis lo rige Venus. Alice Bailey plantea que, dada su dualidad y su principio de polaridad, Géminis tiene la función venusina de unir el eje de los signos opuestos, fusionarlos, de ahí su importancia en el zodiaco. Con los geminianos ocurre lo mismo: tienen la capacidad de ver las dos caras de la moneda, el yin y el yang, lo blanco que no excluye lo negro, y viceversa. De ahí la famosa indecisión geminiana, que no es otra cosa que superación, síntesis, comprensión, trascendencia. En definitiva, es armonía, pacificación, inclusión. Si prestamos atención a estas características, vemos con claridad su afinidad con Mercurio, pero también con Venus. Lo que explica la belleza y apariencia juvenil de muchos de ellos. Para todos los mortales el tiempo pasa y deja sus huellas inevitables, menos para ellos. No en vano el día que se publicó esa gran novela sobre un eterno joven, Dorian Gray, el Sol estaba en Géminis.


Todo geminiano tiene siempre dos trabajos, dos horarios, dos tardes, dos noches, dos todo. Y si conoces a alguno que no los tenga, entonces fijate bien, puede que no lo conozcas. Suele pasar que ves a Géminis dos o más veces en el día y no recuerda haberte visto. Es que te cruzaste con uno de sus varios dobles. Muchos creen que por esto hay falsedad en ellos. No es cierto. Para decirlo con los versos del poeta, también geminiano, Walt Whitman: 

¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?
(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)


Hay una variedad incansable en Géminis, que los vuelve como el escurridizo metal Mercurio, inaprensibles. Su curiosidad y capacidad de aprendizaje no tiene igual en el zodiaco. No sólo siempre van detrás de la manzana prohibida del conocimiento, ellos mismos son esa manzana. Un caso paradigmático, entre tantos, de esta múltiple avidez es el poeta, dramaturgo, premio Nobel, político, empresario, astrólogo y ocultista (sí, todas esas cosas a la vez) William B. Yeats.

Por su carácter mercurial y su destreza en el manejo del lenguaje, en este signo encontramos a muchos escritores: Dante, Thomas Mann, Céline, Arthur Conan Doyle, Pessoa, García Lorca, Allen Ginsberg, Walt Whitman, entre otros. Su influencia más venusina, creadora y estética brilla en los grandes músicos geminianos: Wagner, Schumann, Richard Strauss, Stravinsky, Paul McCartney, Bob Dylan. Y por su naturaleza lúdica, también abundan en el mundo del espectáculo: Hugh Laurie, Johnny Depp, Marilyn Monroe, Angelina Jolie, Nicole Kidman, Clint Eastwood.


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