La astrología y la salud (Parte I)



¿Quién no conoce a un Capricornio con recurrentes dolores de columna o lesiones en sus  rodillas? ¿O a un Aries al que siempre le duele la cabeza o con problemas de la vista? ¿O a un Leo con enfermedades cardíacas? Cada signo representa una zona del cuerpo, determinados órganos y por lo tanto una tendencia a padecer enfermedades afines. Hablar de signos en sentido puro, como ya lo hemos visto en el artículo El ascendente o cuando la astrología no coincide conmigo, es relativo, puesto que somos mucho más que nuestro signo solar. Por otra parte, muchos astrólogos le dan más importancia al planeta regente que a los signos en sí mismos. Especialmente, en el caso de personas que tienen en su carta natal un predominio de signos que están regidos por el mismo planeta (por ej, Géminis y Virgo, mercuriales;  Tauro y Libra, venusinos, etc).



Desde la antigüedad los efectos de los planetas sobre la salud se clasificaron según su naturaleza. Esto incluía el estudio de los elementos afines, las modalidades, las regencias, las dignidades o debilidades. Los considerados benéficos (Venus, Júpiter), los maléficos (Marte, Saturno) y los neutrales (Sol, Luna y Mercurio). Esta clasificación ha quedado obsoleta en muchos sentidos, dado el avance de la ciencia y, con ella, el aumento de la expectativa de vida. También han influido los descubrimientos posteriores de otros planetas, que han vuelto más complejo el tema. Sin embargo, conocer la relación de los planetas tradicionales con nuestra salud aún hoy nos sirve mucho.


Los benéficos, si bien auspician mejoría, ayuda y protección contra enfermedades y peligros, se asocian a enfermedades relacionadas con los excesos. Venus, a las enfermedades venéreas (que adquieren tal nombre en honor al planeta), a las intoxicaciones, a las complicaciones renales. Júpiter, a las afecciones del hígado, a la obesidad, a la clásica gota, es decir a aquellas derivadas de la falta de límites (en todo sentido). Por su parte, los llamados maléficos gobiernan las enfermedades y peligros derivados de las carencias, las limitaciones y las imprudencias que conspiran contra la vida. Marte rige las enfermedades agudas, especialmente las violentas: traumatismos, accidentes, etc. A Saturno le corresponden las enfermedades largas y crónicas, de los huesos (columna, rodillas, dientes, porque rige la estructura), las fobias (el miedo) y también se cree que las de la piel (los límites). Los neutrales no inclinan hacia patologías específicas porque representan la vitalidad y la personalidad (en el caso del Sol y la Luna) y la función mental (en el caso de Mercurio). Sin embargo, si una persona tiene mucha energía solar en su carta natal (predominio de Aries y Leo, por ejemplo), será más proclive a padecer enfermedades cardíacas o arteriales. Si la Luna es la que predomina, a las neurosis, la inestabilidad anímica y las afecciones relacionadas con la absorción y alimentación (estómago), como así también a los trastornos del sueño. Mercurio rige las enfermedades del sistema nervioso y motor, también las relacionadas con las manos, los pulmones y el cerebro.




Lo interesante desde el abordaje astrológico no es tal o cual patología específica sino la energía de cada naturaleza planetaria. Hay una manera venusina de enfermarse, otra mercurial, otra saturnina, etcétera. Y a partir de ahí, podemos balancear o equilibrar con el planeta opuesto lo que nos falta. Así es fácilmente comprobable cómo al venusino le falta Marte (energía, decisión), al marcial le falta Venus (armonía, amor). Al solar le falta Saturno (límites, orden, prudencia), al saturnino Sol (vitalidad, creatividad, alegría). Al mercurial le falta Júpiter (entusiasmo, fe, optimismo), al jupiteriano le falta Mercurio (análisis, síntesis, prudencia). A la vez podemos relacionar a cada planeta con sus respectivos temas y derivar las causas, especialmente cuando nos aspectan por tránsito: si Venus rige el amor, es probable que cuando se desbalance nuestra vida sentimental estemos más predispuestos a padecer enfermedades renales, urinarias o venusinas. Lo mismo sucede con el stress mercurial, las fobias saturninas, los excesos jupiterianos, la inestabilidad lunar. Después de todo, la enfermedad no es otra cosa que la falta de armonía.

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