En julio de 2014 cuando comencé a escribir en el blog decimodoctor.com, no pensaba que iba a terminar publicando un libro. Las redes y la virtualidad me dieron la posibilidad de dar a conocer mis ideas y mis palabras. Sin embargo, supongo desde que Urano entró en Tauro, sentí que había comenzado un inesperado retorno a lo original, a lo palpable, a lo real. A volver, entre otras cosas, al libro de papel. Creo que la ventaja de los libros físicos (¿hay algo más físico que Tauro?) es que nos desconectan, nos permiten descansar del constante estímulo centelleante al que estamos expuestos hoy en día, invitándonos a una pausa, un intercambio sereno, una calma distinta.

Pasando al libro, tenía dudas sobre el formato, la extensión, la manera de abordar los temas y si podría acotarlos, ya que la astrología es tan amplia como el mismo cielo que estudia. Concluí que los autores que me influenciaron cuando comencé a interesarme en ella, tenían puntos de contacto con la literatura y el arte. Lejos de ser manuales rígidos de sentencias categóricas y temerarias, los astrólogos que leía tenían prosas de un extraño encanto similar al de la poesía. Y es que la astrología es un lenguaje de una belleza enigmática, lleno de alegorías y símbolos, de correspondencias y musicalidad.

Pensé, entonces, en escribir algo que conservara la agilidad de mi estilo mercurial y, al mismo tiempo, condensara en forma de diálogos un recorrido por los 360 grados zodiaco, respetando la cifra de 30 para cada signo.

No son estrictamente diálogos, tampoco un oráculo, ni un complemento a los símbolos sabianos o a los grados de Charubel. Este libro no pretende ser interpretativo, didáctico o de autoayuda. Va desde impresiones, pensamientos, observaciones, pasando por mensajes, chats y tweets, hasta conversaciones que bien podrían ser mías, tuyas, ajenas o imaginarias. Todo forma parte de nuestro andar cotidiano a través de las variadas formas y medios que existen hoy en día para comunicarnos. Tal vez leyendo estas páginas encuentres el fragmento de una charla que hayamos tenido o una frase dicha al pasar, incluso un reproche o un elogio.

A lo largo del libro, van cambiando los modos, las voces, las personas y las historias, lo cual me recuerda en algún sentido a esas sinfonías en las que escuchamos tantos y tan variados registros contrapuestos, creando su característico mundo de dimensiones superpuestas. Por eso creo que hay algo colectivo —y muy atractivo— en la astrología que responde a su afinidad con Urano, el planeta que al mismo tiempo simboliza lo masivo, lo revolucionario y lo esotérico.

La astrología es una forma de ver el mundo. Una manera de vivirlo. Este lenguaje tan diverso, cromático y milenario nos ofrece tantas posibilidades como misterios. Pero son misterios que podemos usar a nuestro favor. Misterios que nos seducen, que nos descifran. La palabra tiene la particularidad de evocar e invocar, de ahí que sea la herramienta fundamental con la que trabajamos en astrología. Los aforismos, diálogos, conversaciones o reflexiones de este libro no son horóscopos y, menos aún, alguna forma de videncia, sino llaves que nos permiten abrir puertas en cada rincón del zodiaco. Puertas que nos llevan misteriosamente a nosotros mismos.

Si bien pensaba en escribirlo desde hacía algún tiempo, decidí realizarlo íntegramente en el transcurso de 12 lunas, comenzando por la Luna en Aries para concluirlo con la Luna Llena en Piscis de 2019. Por lo tanto, escribía bajo la influencia lunar a través de cada signo en tiempo real. De ahí que, por ejemplo, el capítulo sobre Aries, conforme a sus características zodiacales, me salió rápido, de forma directa, apasionada y hasta marcial. Incluso me ha traído algún que otro dolor de cabeza, parte del cuerpo asociada al signo del carnero. En cambio, como me sugirieron también ustedes, tuve que ir más lento cuando llegué a Tauro, disfrutarlo en calma y con placeres de por medio, como corresponde con los signos venusinos.

Por último, quiero agradecerles. Especialmente a ustedes, quienes siguen mis redes sociales y me leen día a día en decimodoctor.com. Si no fuera por su continua interacción e interés, nada de esto sería posible. De más está decir, y repetir, que no lean sólo los signos en los que tienen sus posiciones planetarias. Si hay algo que aprendí a lo largo de mis años estudiando astrología, es que la totalidad nos permite entender e integrar lo particular. Cada signo cumple su función en esta rueda celeste y conocerlos es ya (hacer bastante para) empezar a comprendernos mejor. Si (¿por esas causalidades?) las palabras escritas en los grados coincidentes con los de sus Soles, Ascendentes, Lunas u otros astros natales evocan una suerte de identificación, podré darme por satisfecho y, aún más, por comprendido.



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