Aunque hoy en día no lo parezca, el planeta de la seriedad, el rigor y los límites tiene mucha afinidad con Acuario. Y es que nos acostumbramos a ver a este signo desde el prisma de Urano, su regente moderno. Pero para la astrología clásica, Saturno tiene también un domicilio de aire y es Acuario. Pensemos cuantas características saturninas poseen las personas nacidas bajo la influencia del último signo de aire: su extravagancia aislante, su amor –y furia– por las causas, su estilo de vida tan político y polémico, incomprendido, contracultural, su amistad con todo el mundo y –al mismo tiempo– su rebeldía permanente, su refugio en el equipo o el grupo en detrimento de lo que podríamos llamar el ego solar. Es Saturno. El principal antagonista del Sol. Saturno en Acuario, entonces, es un "buen" Saturno, por decirlo de alguna manera. Su influencia entró más de golpe que lo esperado, pero no nos sorprende el cauce de los acontecimientos –casi de ciencia ficción (género acuariano por excelencia)– que estamos viviendo. Aislamiento pero conexión. Soledad pero coordinación masiva. Trabajo, educación e incluso ejercicio físico a distancia, imposibilidad de tocarnos los unos a los otros. Son los límites –los anillos– del aire, es Saturno en Acuario. Ahora bien, ¿qué podemos aprender de todo esto? Que no todo es cuerpo, materia, bienes, dinero, lujo, status. Resulta impactante –y edificante- cuán poco vale todo eso cuando estamos confinados. Madrid, Buenos Aires, Milán o New York. Con los mismos problemas. Tan diferentes entre sí que nos creíamos. Este Saturno viene también a mostrarnos que el planeta necesitaba descansar de nosotros. Vemos a los animales y las aguas del mundo sanar y se respira un aire renovado. El aire de Saturno en Acuario.