Luna en Cáncer

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La Luna en su domicilio. Cada vez que nos sumergimos en aguas cancerianas, las cosas se vuelven familiares: los entornos, las personas, los motivos, los silencios. Cáncer es el primer signo de agua y, como tal, su empuje (es cardinal) inclina a desarrollar una naturaleza emocional, receptiva, nocturna. Es por esto que siempre busca refugiarse: en lo conocido, en lo doméstico, en lo seguro.  En términos colectivos, el tránsito de la Luna por el signo de Cáncer pone en primer plano asuntos ligados a las emociones. Podemos volcarnos más hacia los afectos, volvernos súbitamente melancólicos (ver fotos viejas, escuchar canciones retro) o recibir noticias de familiares. Lo canceriano también tiene fuerte raigambre popular: fiestas, celebraciones, espectáculos, vendedores ambulantes, espacios públicos. La plata, la noche, el insomnio, el color blanco, la leche, la perla, la cocina, la costa, la playa, el cangrejo, la herencia. Todos símbolos relacionados con la energía lunar.  Las personas co

Luna en Virgo

Luego de su tránsito por el fastuoso y dramático signo de Leo, la Luna ingresa en un signo de tierra, mutable, práctico, humilde y muy trabajador: Virgo. Su regente, Mercurio, gobierna las palabras, las comunicaciones, los negocios, los contactos. La Luna en Virgo necesita tener todo bajo control, ordenado, detallado, catalogado y así hasta el infinito. Por eso, las personas que tienen esta Luna en la carta natal suelen ser algo (mejor dicho, muy) neuróticas, obsesivas y excesivamente críticas. Pero como lo lunar tiene que ver con lo emocional, lo nutricio, lo doméstico, lo familiar y lo tradicional, canalizan todo eso a través de actividades mercuriales: les gusta escribir, leer, administrar, calcular, arreglar, resumir, economizar, solucionar. Es una Luna de mucha ingeniería, eficiencia y utilidad.

Pero también hay un costado más compasivo, servicial y espiritual en Virgo, relacionado con Quirón, este asteroide que en la mitología representa al centauro herido, maestro filosófico, guía y sanador. Su naturaleza es doble (Mercurio) pero también trascendental (Júpiter), ya que Quirón padecía una herida incurable (que hoy podemos asociar a las enfermedades crónicas) y a pesar (o mejor dicho, a partir) de ella curar y educar a los otros. Es como si esta antigua herida que cada uno de nosotros (en tanto seres mortales) lleva en sí, nos enseñara a desarrollar una visión más sabia, austera y estoica de la vida. No es casualidad que todo esto encierre una analogía con Virgo, signo relacionado con la vara de esculapio y la figura del arcano 9, el ermitaño.

Durante la Luna en Virgo, en líneas generales, priorizamos la salud, el cuidado del cuerpo, la alimentación, el ejercicio físico. Estamos más críticos, porque nuestra sensibilidad a las imperfecciones (tanto ajenas como propias) es alta. Las actividades que requieran mucha precisión y paciencia (calcular, ordenar, limpiar, administrar) se verán beneficiadas.

La Luna en Virgo nos vuelve menos egocéntricos y orgullosos que la Luna en Leo, por lo tanto bajamos a la tierra humilde, a las cosas cotidianas, a la discreción y el servicio a los demás (mozos, enfermeras, médicos, personal doméstico, etc., se relacionan con este signo). Aprovechemos este tránsito para poner todo en regla y manejar con frialdad los números, sin perder de vista que la Luna rige nuestras emociones. Que no nos sorprenda, entonces, si en medio de tantas cuentas nos encontramos con una lágrima, un suspiro o una sonrisa.

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